El dolor como mensajero

El doctor William Glasser, autor de Reality Therapy y uno de los más brillantes e innovadores psiquiatras, estableció dos premisas fundamentales acerca del sentido de la valía personal.

La primera premisa es que todos los problemas psicológicos, desde las neurosis mas leves a las psicosis mas profundas, son síntomas de la frustración de esa fundamental necesidad humana de un sentido de la valía personal. La profundidad y la duración de los problemas sintomáticos (por ejemplo, las fobias, los complejos de culpa, la paranoia, etc.) sólo son indicativos de la profundidad y la duración de la falta de autoestima

La segunda premisa de Glasser es que la imagen que cualquier ser humano tenga de sí mismo será el factor determinante y radical de toda su conducta. La verdadera y realista autoestima es el elemento básico en la salud de cualquier personalidad humana.

Las personas actúan y especialmente se relacionan con otras personas, de acuerdo con lo que piensan y sienten acerca de sí mismas. Nuestros problemas interpersonales comienzan en nuestros conflictos intrapersonales

La vida de los seres humanos será satisfactoria en función de la estima y la confianza que sientan por sí mismos. Por eso las personas que no han conseguido encontrar satisfacción y paz dentro de sí mismas, suelen recurrir a una de las cuatro opciones que vamos a ver a continuación. El doctor Glasser insistió en que cada una de ellas representa un intento de escapar del dolor que produce fracasar como persona. 

  • La depresión.- cuando el motor psicológico del ser humano vibra a consecuencia de un dolor peligrosamente violento, la depresión es una forma de detener o ralentizar el motor, con objeto de evitar que el motor se averíe por completo. La depresión ahorra a la persona la agonía de su dolor mas profundo y la protege del impacto brutal de su insoportable situación vital. 

  • La ira y la conducta antisocial.- la ira es casi siempre el resultado de un temor más profundo y de una inseguridad oculta. Cuando nos sentimos fracasados , podemos optar por exteriorizar ese sufrimiento a través de una conducta antisocial. Al igual que la depresión, la ira pretende ser un alivio del sufrimiento más profundo del fracaso personal. 

  • La demencia.- cuando el hecho de no encontrar el amor ni el sentido de la valía personal en el mundo real se hace demasiado doloroso, en lugar de intentar cambiarnos a nosotros mismos, podemos tratar de cambiar el mundo. Podemos inventar nuestro propio mundo en nuestro interior y retirarnos a él. 

  • La enfermedad física.-esta es la más frecuente de las cuatro opciones. Al optar por esta solución, las personas transforman el dolor psicológico del fracaso en síntomas físicos, que normalmente son mucho más fáciles de soportar. La enfermedad física es mas fácil de soportar que el fracaso en la búsqueda de la valía personal, porque conlleva mucha menor conciencia de la vergüenza y la culpabilidad que se asocian a la enfermedad psíquica. 

Normalmente se estima que entre el 90 y el 95% de las enfermedades físicas tienen un origen psicológico.

El dolor en si mismo no es un mal que deba evitarse a toda costa. El dolor es más bien un maestro del que tenemos mucho que aprender. De algún modo, el dolor nos instruye, nos dice que cambiemos, que dejemos de hacer una cosa o que empecemos a hacer otra, que dejemos de pensar de una manera y comencemos a hacerlo de manera diferente. Cuando nos negamos a escuchar el dolor, buscamos una existencia narcotizada.