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La Telomerasa, la enzima del antienvejecimiento

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Una reciente investigación llevada a cabo por la Universidad de California, San Francisco, por Elissa Epel, Elizabeth Blackburn (que en 2009 compartió el Premio Nobel por el descubrimiento de la telomerasa, la enzima del antienvejecimiento) y sus colegas, ha demostrado que nuestros pensamientos estresantes que implican una rumiación obsesiva en el pasado o una preocupación desmesurada por el futuro, parecen influir en nuestras células y telómeros, en el ritmo de nuestro envejecimiento.


Recordemos que los telómeros son la secuencia repetida de ADN especializado, ubicada en el extremo de todos nuestros cromosomas, esencial para la división celular que van acortándose a medida que envejecemos.


Demostraron que el estrés crónico va acompañado de un mayor acortamiento de los telómeros. Pero su investigación también descubrió que el índice de degradación y acortamiento depende, fundamentalmente, del modo en que percibimos el estrés. Y hay que señalar que esa diferencia puede suponer años de vida.


Otros estudios no  tan centrados en la longitud de los telómeros como en la tasa de la enzima telomerasa, sugieren que nuestros pensamientos (especialmente cuando percibimos situaciones amenazantes para nuestro bienestar, las haya o no) influyen en todos los niveles inferiores a esa molécula concreta, medida en la concentración en sangre de células del sistema inmunitario que parece desempeñar un papel fundamental en la salud y en la longevidad.


Tenemos al día entre 60 y 70 mil pensamientos y de esos 60 o 70 mil pensamientos diarios, el 90% son los mismos que los del día anterior. Por lo que los mismos pensamientos siempre conducirán a las mismas elecciones, las mismas elecciones siempre crearán los mismos comportamientos, los mismos comportamientos siempre crearán las mismas experiencias, las mismas experiencias siempre crearán las mismas emociones, y las mismas emociones siempre conducirán a los mismos pensamientos. Y a esto se le llama “personalidad”. Y tu personalidad, crea tu “realidad personal”. Y tu personalidad está hecha de como tú piensas, cómo actúas y cómo sientes.


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Lo que quiere decir que, si deseas crear una nueva realidad personal, debes de empezar a pensar sobre lo que estás pensando y cambiarlo y empezar a poner atención a los hábitos y comportamientos y empezar a ser consciente de ellos. Y empezar a mirar las emociones que has memorizado que te mantienen conectado con tu pasado y preguntarte si esas emociones son amorosas para ti.


¿Cuándo ha sido la última vez que has estado realmente concentrado en lo que hacías? ¿Cuántas veces has descubierto que no querías estar donde estabas? ¿Cuántas veces te has dado cuenta de que no querías hacer lo que estabas haciendo?


Este “estado de conciencia” tiene mucho que ver con el Mindfulness. El Mindfulness básicamente tiene que ver con la relación que mantenemos con todo; con nuestra mente, con nuestro cuerpo, con nuestros pensamientos y con nuestras emociones, y con la manera de aprender  a vivir cada aspecto de nuestra vida de un modo mas completo, amable y sabio tanto con nosotros como con los demás.


¿Qué implicaciones tiene el hecho de no abrazar y habitar plenamente la vida que  nos toca vivir en el único momento en que estamos experimentándola? El cultivo de Mindfulness nos enseña a dejar de reaccionar de manera automática, con todas las consecuencias potencialmente insanas que ello conlleva, y a aprender a responder inteligentemente a lo que percibimos como amenazante y en este viaje de descubrimiento de nuestros propios recursos curativos internos para sanar, debemos suspender los juicios, incluidas las expectativas.

Como dijo en cierta ocasión Yogi Berra, el legendario jugador de los Yankees de Nueva York: “Son muchas las cosas que uno puede ver con solo mirar”.